lunes, 28 de julio de 2014

Lo intenté. Lo intenté con todas mis fuerzas, pero yo no valgo para conformarme con lo efímero cuando podemos disponer de una eternidad. Aunque a veces la eternidad sea un instante. Ese momento ha de ser vivido como si fuera el último, pero sabiendo que no lo es. Porque si cada beso sabe a despedida, el adiós se convierte en protagonista. (Y yo te quería recordar en presente.)
Girando la cabeza he vuelto a sonreír al constatar que la vida, siempre fascinante, ha puesto a personas extraordinarias a mi disposición. Como una especie de camarero refinado que va pasando con una bandeja variada t bien dispuesta ante mí para que pueda tomar lo mejor de esas personas.

lunes, 28 de abril de 2014

No me iré sin decirte a dónde voy

Hay algo impedido en contar la vida de uno a un desconocido cuando hay que ir más allá de los acontecimientos cotidianos anodinos tales como el trabajo, las relaciones cotidianas y la rutina de costumbre.
Tenia miedo de confiarme a él, un poco como si exponerme le otorgarse poder sobre mi persona. Al cabo de un momento, sin embargo, me había lanzado y dejaba de hacerme preguntas. Acepté desnudarme, tal vez porque no me sentía juzgado. Y, además, debo confesar que me metí en el papel. Es bastante agradable, una vez que hemos traspasado la barrera de pudor, disponer de un oído atento.
El alquiler del piso era demasiado alto, pero me beneficiaba de una vista preciosa de la ciudad. Cuando estaba algo desanimado, podía permanecer sentado durante horas en el reborde de la ventana y dejar que mi mirada se perdiera en el horizonte, en la multitud de edificios y monumentos. Me imaginaba los millones de personas que vivían allí, sus historias, sus ocupaciones. Eran tan numerosos que, a cualquier hora del día o de la noche, necesariamente había alguien trabajando, durmiendo, haciendo el amor, muriendo, discutiendo, despertándose. A menudo me decía: ''Esto es increíble'', y me preguntaba cuántas personas, en ese preciso instante, habían estallado en una carcajada, cuántos habrían dicho adiós a su pareja, gozado, llorado, cuantos se habrían marchado, habrían dado a luz, se habrían enamorado... imaginaba las emociones tan diferentes que cada uno podía sentir en el mismo momento, en el mismo instante.

sábado, 26 de abril de 2014


Ella sonrió al tiempo que él la rodeaba con sus brazos por la espalda.

-          Dame un beso – le decía. Sonaba divertido, con aquel tono infantil con el que los niños te piden más una vez les has impresionado con un truco de magia.
La risa la obligaba a doblarse para reducir el agradable dolor en el abdomen que le provocaban esas carcajadas. Él la estrechó con más fuerza contra su cuerpo mientras repetía, rozando la boca contra su cuello:

-          Venga, dame un beso.

Ella se giró lo suficiente para verle la cara, e hizo una fingida mueca de asco. La tenia manchada de masa de bizcocho, lo cual hacia un fuerte contraste contra su bronceada piel, e impregnaba el aire con el olor de la extraña combinación entre su perfume y el dulzón aroma a glaseado. Levantó las manos todo lo que pudo, teniendo en cuenta que los brazos de él la sujetaban a la altura de los codos, y se cubrió el rostro con ellas.

Cuando sus músculos finalmente se relajaron, ella se dejó al descubierto y buscó, desafiante, su mirada.
Sus ojos ahora miraban tristes (de forma fingida, por supuesto), y la observaban fijamente, intentando despertar en ella compasión. Él se apartó unos centímetros para lograr una mejor perspectiva, entrelazó sus dedos y, con los hombros caídos, agachó la cabeza a modo de súplica.
Ahora solo le veía los pies, que quedaban bastante expuestos en esas sandalias de verano. Se fijó en la forma en la que sus dedos reposaban sobre la suela, en sus uñas perfectamente recortadas, y en la pequeña rozadura cerca del tobillo derecho. A pesar de tratarse solo de unos pies, se percató de lo mucho que le gustaban. No ellos en sí, si no su piel, y la forma en la que ella los movía, en ocasiones torpemente hasta tropezar. Ascendió su vista hasta encontrarse con la de ella, que le miraba seria y firme a través de la profundidad de sus ojos negros. Su boca, que anteriormente hacia pucheros, comenzó a esconder sin demasiado éxito una mueca divertida.

-          Deja de poner esa cara – respondió ella con un fingido tono indignado, al tiempo que le golpeaba el brazo con una fuerza cariñosa.

-          ¿Qué cara? – contestó. Pero se le reían los huesos ante aquella escena, y la sonrisa ya le alcanzaba los ojos.

Veía como se tensaba con su mínimo movimiento, pendiente de que esa pastosa combinación de ingredientes que él llevaba encima no le rozara lo más mínimo la piel. Siempre había sido demasiado escrupulosa con esas cosas.
Él hizo el amago de avanzar hacia ella, lo que provocó que retrocediera bruscamente, alerta. Finalmente, avanzó deprisa y, sin pesar, agarró su cara con ambas manos y la frotó contra la suya para macharla. Ella reía y se quejaba al unísono.

-          Dame un beso – susurró contra su boca.

Y esta vez ella cedió, abandonándose a él en lo que probablemente fuera uno de los besos más dulces que le habían dado nunca.

VI

Te quiero.
Ya sé que termino igual todos los mensajes
pero es que me da pánico que se te olvide.

Que entre distancias y cosas nuevas
crezca una pregunta en tu estómago

Que un día te tomes un café en a saber dónde
y dudes.

No hay nada más peligroso
ni humano
que una duda.
Así que sólo estoy tomando mis medidas.

La luz de Candela

A veces la vida me viene grande. O quizás sea yo la que se vuelve pequeña ante tantas cosas que no entiendo. No lo sé. Tampoco sé por qué te quise tanto, por qué te sigo queriendo. Ni por qué me cuesta tanto olvidarte. No entiendo que puedas pasar sin mí, sin mis besos. Nadie me ha besado como tú, me decías. Y, sin embargo, prefieres no besarme. O quizá te mueres de ganas y no te atreves a reconocerlo. Es eso. Tiene que ser eso. Ha pasado tanto tiempo que no te atreves a acercarte por miedo a que esté con alguien, a que te diga que no, que ya no te quiero.

¿Pero qué hago?¿Me estoy escuchando bien? Tengo que dejar de autoengañarme y de fantasear contigo. Mi eterno problema: mi empeño en idealizar lo nuestro, nuestra historia de amor. En idealizarte a ti. Siempre en lo alto, un paso por delante, siempre inalcanzable, siempre una pieza carísima de conseguir.

jueves, 24 de abril de 2014

- Por fin te tengo - susurró, descansando su frente sobre la de ella y cerrando sus ojos al resto del mundo, dejando que fuera la última imagen de su rostro la que quedara grabada en su memoria. - y no voy a malgastar ni un sólo momento que tengamos juntos.
Los labios de ella esbozaron una sonrisa.
- ¿Qué quiere decir eso?
- Significa - contestó él - que el amor no tiene que ver con tener miedo a que te lo arrebaten. El amor tiene que ver con encontrar a la persona que te llene el corazón, que te hace ser mejor de lo que nunca soñaste. Tiene que ver con mirar a esa persona a los ojos y estar convencido hasta lo más hondo de que ella es sencillamente la mejor persona que has conocido. - hizo una pausa para ampliar un poco el espacio entre ellos, lo necesario para poder escudriñar la reacción de ella, y continuó:- Queda por encima de todos defectos, los cuales, probablemente, no se tolerarían de la misma forma en otra persona. 

Plantó una mano en la pared en la que se encontraba apoyada ella, bastante cerca de su rostro, y se inclinó hacia delante. De pronto, ella se sintió atrapada, pese a que le sería bastante fácil apartarse. 
Con cierta consternación, se percató de que la tenía atrapada con sus ojos, que se clavaban oscuros y ardientes en los de ella. Entonces ya no quería correr, ni moverse. Y comprendió que ahí residía la singularidad de ese amor: en quedarse. En no querer buscar a nadie más, porque esa es la persona a la que siempre habías esperado. Nadie iba a dar la talla como él, lo sabía, porque durante todo ese tiempo siempre les encontraba algún "defecto intolerable" a todos los demás, cuando la única queja que tenia resultaba ser bastante sencilla: ninguno era él. 
Tenía razón, el amor tenía que ver con todo eso y más. 
Sonrió, y tiró con suavidad del cuello de la camisa, acercándolo más a ella. Se puso un poco de puntillas para alcanzar con más facilidad su boca.
- Entiendo - dijo ella, rozándole los labios al pronunciar cada palabra, y concluyendo antes de besarle: - Por fin te tengo.

Be free.

Be free.