Hay algo impedido en contar la vida de uno a un desconocido cuando hay que ir más allá de los acontecimientos cotidianos anodinos tales como el trabajo, las relaciones cotidianas y la rutina de costumbre.
Tenia miedo de confiarme a él, un poco como si exponerme le otorgarse poder sobre mi persona. Al cabo de un momento, sin embargo, me había lanzado y dejaba de hacerme preguntas. Acepté desnudarme, tal vez porque no me sentía juzgado. Y, además, debo confesar que me metí en el papel. Es bastante agradable, una vez que hemos traspasado la barrera de pudor, disponer de un oído atento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario