Los labios de ella esbozaron una sonrisa.
- ¿Qué quiere decir eso?
- Significa - contestó él - que el amor no tiene que ver con tener miedo a que te lo arrebaten. El amor tiene que ver con encontrar a la persona que te llene el corazón, que te hace ser mejor de lo que nunca soñaste. Tiene que ver con mirar a esa persona a los ojos y estar convencido hasta lo más hondo de que ella es sencillamente la mejor persona que has conocido. - hizo una pausa para ampliar un poco el espacio entre ellos, lo necesario para poder escudriñar la reacción de ella, y continuó:- Queda por encima de todos defectos, los cuales, probablemente, no se tolerarían de la misma forma en otra persona.
Plantó una mano en la pared en la que se encontraba apoyada ella, bastante cerca de su rostro, y se inclinó hacia delante. De pronto, ella se sintió atrapada, pese a que le sería bastante fácil apartarse.
Con cierta consternación, se percató de que la tenía atrapada con sus ojos, que se clavaban oscuros y ardientes en los de ella. Entonces ya no quería correr, ni moverse. Y comprendió que ahí residía la singularidad de ese amor: en quedarse. En no querer buscar a nadie más, porque esa es la persona a la que siempre habías esperado. Nadie iba a dar la talla como él, lo sabía, porque durante todo ese tiempo siempre les encontraba algún "defecto intolerable" a todos los demás, cuando la única queja que tenia resultaba ser bastante sencilla: ninguno era él.
Tenía razón, el amor tenía que ver con todo eso y más.
Sonrió, y tiró con suavidad del cuello de la camisa, acercándolo más a ella. Se puso un poco de puntillas para alcanzar con más facilidad su boca.
- Entiendo - dijo ella, rozándole los labios al pronunciar cada palabra, y concluyendo antes de besarle: - Por fin te tengo.
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