jueves, 24 de abril de 2014

- Por fin te tengo - susurró, descansando su frente sobre la de ella y cerrando sus ojos al resto del mundo, dejando que fuera la última imagen de su rostro la que quedara grabada en su memoria. - y no voy a malgastar ni un sólo momento que tengamos juntos.
Los labios de ella esbozaron una sonrisa.
- ¿Qué quiere decir eso?
- Significa - contestó él - que el amor no tiene que ver con tener miedo a que te lo arrebaten. El amor tiene que ver con encontrar a la persona que te llene el corazón, que te hace ser mejor de lo que nunca soñaste. Tiene que ver con mirar a esa persona a los ojos y estar convencido hasta lo más hondo de que ella es sencillamente la mejor persona que has conocido. - hizo una pausa para ampliar un poco el espacio entre ellos, lo necesario para poder escudriñar la reacción de ella, y continuó:- Queda por encima de todos defectos, los cuales, probablemente, no se tolerarían de la misma forma en otra persona. 

Plantó una mano en la pared en la que se encontraba apoyada ella, bastante cerca de su rostro, y se inclinó hacia delante. De pronto, ella se sintió atrapada, pese a que le sería bastante fácil apartarse. 
Con cierta consternación, se percató de que la tenía atrapada con sus ojos, que se clavaban oscuros y ardientes en los de ella. Entonces ya no quería correr, ni moverse. Y comprendió que ahí residía la singularidad de ese amor: en quedarse. En no querer buscar a nadie más, porque esa es la persona a la que siempre habías esperado. Nadie iba a dar la talla como él, lo sabía, porque durante todo ese tiempo siempre les encontraba algún "defecto intolerable" a todos los demás, cuando la única queja que tenia resultaba ser bastante sencilla: ninguno era él. 
Tenía razón, el amor tenía que ver con todo eso y más. 
Sonrió, y tiró con suavidad del cuello de la camisa, acercándolo más a ella. Se puso un poco de puntillas para alcanzar con más facilidad su boca.
- Entiendo - dijo ella, rozándole los labios al pronunciar cada palabra, y concluyendo antes de besarle: - Por fin te tengo.

Divergente

Se acerca más a mi. afligido, de modo que sus labios rozan los míos cuando habla.

- Tengo que decirte una cosa - añade; yo le paso los dedos por los tendones de la mano y lo miro-. Puede que esté enamorado de ti - dice, y sonríe un poco-. Pero estoy esperando a estar seguro para decírtelo.
- Qué sensato por tu parte - respondo, sonriendo-. Deberíamos buscar un papel para que hicieras una lista, una gráfica o algo. 

Noto su risa contra el costado, su nariz deslizándose por mi mandíbula, sus labios detrás de mi oreja.
- Puede que ya esté seguro, pero no quiera asustarte - concluye.
- Entonces deberías conocerme mejor - respondo, riéndome.
- Vale, pues te quiero.

viernes, 4 de abril de 2014

Ese día llovía. Llovía, hasta convertirse las calles en algo así como una sensación de cuando tienes un día en el que todo te sale mal. Pues así corría el agua. Y nosotros, que corríamos en dirección contraria, siempre a contracorriente, intentando hacernos fuertes de algo que acababa con nuestras fuerzas, y con nosotros mismos.
Recuerdo que llevabas el pelo mojado, y que te quedaba igual de bien que cuando salías de la ducha; que llevabas la ropa calada; y recuerdo que esa camiseta te quedaba mejor cuando la tirabas al suelo.
También recuerdo que yo llevaba calados hasta los huesos, con el frio y el miedo de una noche de tormenta (no tan grande como aquella).
Recuerdo el calor de tus manos, siempre atentas a los peligros externos... otra vez salvando vidas.
Recuerdo también la inclinación a la que caían las gotas sobre tu espalda, haciendo precipicios de vértigo (como si no tuviera suficiente con mirarte a los ojos).
Tú me sueltas. Yo te espero.
Creía no haberte perdido entre aquella ciudad hecha océano, y ahora empezaba a lloverme por dentro.
Tu respuesta a mis porqués nunca me pareció buena excusa para dejar de verte, porque sólo me decías que no había razones, simplemente que se había acabado.
Entonces, cuando te veía irte con las manos en los bolsillos, como el que acaba de resolver un problema, comprendí que el amor es así, que también era bonito de alguna forma verte partir, porque de algún modo yo iba a seguir sintiendo exactamente lo mismo; porque estés o no estés voy a seguir queriendo verte por aquí. Y que sigas siendo mi rompecabezas y que te resuelvas por ti mismo (y que me resuelva a mi). Que voy a seguir queriendo reírse haciéndote cosquillas, o que me abraces y no digas nada cuando sepas que no tienes que hacerlo. Voy a seguir queriendo que me mires cuando yo baje la mirada.
Entonces fue que te vi irte, comprendiendo que el amor no era esperarte ni haberte querido, para mi el amor era esa mierda de quererte. El amor, era verte partir sin poder hacer nada para que te des la vuelta, me mires, y sepas que estos dos segundos en los que sólo has cruzado la calle, han sido los peores de mi vida.
El amor, es no poder gritarte porque la lluvia sonaba mucho mas fuerte.
El amor, es tu canción favorita sonando en publico.
El amor, es tú yéndote mientras no aprobamos de mojarnos.
El amor, es que tú vuelvas para preguntarme que por qué odio la lluvia.


-Un texto que me tiene enamorada, de @corazonbajocero-

Pequeños detalles

En su pequeñez se esconde un gran detonante, sólo que su mecanismo es algo más complejo que la decisión entre cortar el cable rojo o el cable azul. Un detalle somos nosotros, el reflejo de lo que somos; la esencia que llevamos dentro.

A veces pasan desapercibidos pero, si en lugar de ver, te paras a observar, te das cuenta de que es de esos detalles de donde sacamos (o, al menos eso hago yo) lo especial de la sencilla acción en sí, aquello que sólo se lo asociamos a esa persona y que la diferencia del resto. Se graban en nuestra memoria con la misma facilidad con la que una gota de tinta se expande al caer sobre el papel, dibujando al mismo tiempo ese lunar en la espalda, y escribiendo sobre esa peculiaridad en la forma de cortar el aire al reírse, en la intensidad de una mirada o en los gestos que acompañan al cuerpo a la hora de relatar teatralmente una de nuestras experiencias.
Tal vez sean ellos los que nos enganchen, como ese atractivo bocadito de dulce que te tomas a pesar de estar saciado, sólo por el placer de saborearlo, haciéndote querer todavía un poco más. Y, al igual que ocurre con las cosas buenas, nos acostumbramos a ellos; forman parte de las singularidades del otro, de aquello que nos saca de quicio y nos encanta al mismo tiempo, que una vez los probamos, de otra forma (en otras personas) ya no nos saben igual.
Cada uno de ellos es un mordisco que deja huella en nosotros. Pequeñas marcas que, a la hora de recordar, son las más grandes.

jueves, 11 de julio de 2013

Quien lo iba a decir

Esta eres tú, los ojos cerrados, bajo la lluvia. Nunca imaginaste que harías algo así, nunca te habías visto como… no sé como describirlo, como una de esas personas a las que le gusta la luna o que pasan horas contemplando el mar o una puesta de sol. Seguro que sabes de qué gente estoy hablando… o tal vez no. Da igual, a ti te gusta estar así, desafiando al frío, sintiendo como el agua empapa tu camiseta y te moja la piel, y notar como la tierra se vuelve mullida bajo tus pies y el olor, y el sonido de la lluvia al golpear las hojas. Todas esas cosas que dicen los libros que no has leido. Esta eres tú, quién lo iba a decir… tú. 

sábado, 15 de junio de 2013

En algún momento de nuestra vida, por un motivo u otro, se han cruzado en nuestro camino personas que nos sorprenden; que, si de la primera impresión dependiera, les habrías mandado a paseo inmediatamente, pero que realmente, una vez los conoces, te das cuenta de cuánta falta hacía en tu vida tener a alguien así. 
La mejor parte es, definitivamente, cuando sabes que vienen para quedarse por un largo tiempo.

jueves, 2 de mayo de 2013

"Love is never about finding the hand
that perfectly fits yours.
It´s about finding that one person
who is willing to hold hands
no matter how unfit it may be."



miércoles, 1 de mayo de 2013


Be free.

Be free.