Cuántas veces hemos querido detener el tiempo. Cuántos días hemos estado viviendo en el pasado, pensando en lo mucho que nos gustaría poder volver atrás para remendar un descosido y volver a vivir alguno de esos momentos que tan felices nos hicieron.
Estaría bien poder manejar el curso de nuestra vida a nuestro antojo, pero así, no tendría sentido un primer beso, un primer amor, las nuevas amistades…
No podríamos disfrutar de la capacidad de recordar con sonrisas, de querer volver a ser niños, de aprender, de esperar con impaciencia para ver a alguien a quien ya echabas de menos... Dejaríamos atrás algo que forman parte de nosotros, los recuerdos.
Aunque también estaría bien poder darle a un botón para evitar el sufrimiento, para borrar todo lo que en su día nos hizo daño, pero de esa forma, no aprenderíamos a ser fuertes, no seríamos capaces de reírnos de aquello que en su día pudo herirnos.
Es por eso que cada pequeña cosa, cada pequeño detalle, guarda un gran sentido. Y cada bello recuerdo, cada cosa que nos ha hecho felices, es la que nos enseña a ser grandes.
Porque así es la vida...pequeña y grande al mismo tiempo…
