Se acerca más a mi. afligido, de modo que sus labios rozan los míos cuando habla.
- Tengo que decirte una cosa - añade; yo le paso los dedos por los tendones de la mano y lo miro-. Puede que esté enamorado de ti - dice, y sonríe un poco-. Pero estoy esperando a estar seguro para decírtelo.
- Qué sensato por tu parte - respondo, sonriendo-. Deberíamos buscar un papel para que hicieras una lista, una gráfica o algo.
Noto su risa contra el costado, su nariz deslizándose por mi mandíbula, sus labios detrás de mi oreja.
- Puede que ya esté seguro, pero no quiera asustarte - concluye.
- Entonces deberías conocerme mejor - respondo, riéndome.
- Vale, pues te quiero.
Nuestra vida se compone de una serie de momentos compartidos con aquellos con los que hemos decidido crear montones de recuerdos. Es una serie de historias, o una sola, según cada uno como quiera verlo. Es lo que nos hace ser quienes somos, y aqui descubrirás como soy yo;
jueves, 24 de abril de 2014
viernes, 4 de abril de 2014
Ese día llovía. Llovía, hasta convertirse las calles en algo así como una sensación de cuando tienes un día en el que todo te sale mal. Pues así corría el agua. Y nosotros, que corríamos en dirección contraria, siempre a contracorriente, intentando hacernos fuertes de algo que acababa con nuestras fuerzas, y con nosotros mismos.
Recuerdo que llevabas el pelo mojado, y que te quedaba igual de bien que cuando salías de la ducha; que llevabas la ropa calada; y recuerdo que esa camiseta te quedaba mejor cuando la tirabas al suelo.
También recuerdo que yo llevaba calados hasta los huesos, con el frio y el miedo de una noche de tormenta (no tan grande como aquella).
Recuerdo el calor de tus manos, siempre atentas a los peligros externos... otra vez salvando vidas.
Recuerdo también la inclinación a la que caían las gotas sobre tu espalda, haciendo precipicios de vértigo (como si no tuviera suficiente con mirarte a los ojos).
Tú me sueltas. Yo te espero.
Creía no haberte perdido entre aquella ciudad hecha océano, y ahora empezaba a lloverme por dentro.
Tu respuesta a mis porqués nunca me pareció buena excusa para dejar de verte, porque sólo me decías que no había razones, simplemente que se había acabado.
Entonces, cuando te veía irte con las manos en los bolsillos, como el que acaba de resolver un problema, comprendí que el amor es así, que también era bonito de alguna forma verte partir, porque de algún modo yo iba a seguir sintiendo exactamente lo mismo; porque estés o no estés voy a seguir queriendo verte por aquí. Y que sigas siendo mi rompecabezas y que te resuelvas por ti mismo (y que me resuelva a mi). Que voy a seguir queriendo reírse haciéndote cosquillas, o que me abraces y no digas nada cuando sepas que no tienes que hacerlo. Voy a seguir queriendo que me mires cuando yo baje la mirada.
Entonces fue que te vi irte, comprendiendo que el amor no era esperarte ni haberte querido, para mi el amor era esa mierda de quererte. El amor, era verte partir sin poder hacer nada para que te des la vuelta, me mires, y sepas que estos dos segundos en los que sólo has cruzado la calle, han sido los peores de mi vida.
El amor, es no poder gritarte porque la lluvia sonaba mucho mas fuerte.
El amor, es tu canción favorita sonando en publico.
El amor, es tú yéndote mientras no aprobamos de mojarnos.
El amor, es que tú vuelvas para preguntarme que por qué odio la lluvia.
Recuerdo que llevabas el pelo mojado, y que te quedaba igual de bien que cuando salías de la ducha; que llevabas la ropa calada; y recuerdo que esa camiseta te quedaba mejor cuando la tirabas al suelo.
También recuerdo que yo llevaba calados hasta los huesos, con el frio y el miedo de una noche de tormenta (no tan grande como aquella).
Recuerdo el calor de tus manos, siempre atentas a los peligros externos... otra vez salvando vidas.
Recuerdo también la inclinación a la que caían las gotas sobre tu espalda, haciendo precipicios de vértigo (como si no tuviera suficiente con mirarte a los ojos).
Tú me sueltas. Yo te espero.
Creía no haberte perdido entre aquella ciudad hecha océano, y ahora empezaba a lloverme por dentro.
Tu respuesta a mis porqués nunca me pareció buena excusa para dejar de verte, porque sólo me decías que no había razones, simplemente que se había acabado.
Entonces, cuando te veía irte con las manos en los bolsillos, como el que acaba de resolver un problema, comprendí que el amor es así, que también era bonito de alguna forma verte partir, porque de algún modo yo iba a seguir sintiendo exactamente lo mismo; porque estés o no estés voy a seguir queriendo verte por aquí. Y que sigas siendo mi rompecabezas y que te resuelvas por ti mismo (y que me resuelva a mi). Que voy a seguir queriendo reírse haciéndote cosquillas, o que me abraces y no digas nada cuando sepas que no tienes que hacerlo. Voy a seguir queriendo que me mires cuando yo baje la mirada.
Entonces fue que te vi irte, comprendiendo que el amor no era esperarte ni haberte querido, para mi el amor era esa mierda de quererte. El amor, era verte partir sin poder hacer nada para que te des la vuelta, me mires, y sepas que estos dos segundos en los que sólo has cruzado la calle, han sido los peores de mi vida.
El amor, es no poder gritarte porque la lluvia sonaba mucho mas fuerte.
El amor, es tu canción favorita sonando en publico.
El amor, es tú yéndote mientras no aprobamos de mojarnos.
El amor, es que tú vuelvas para preguntarme que por qué odio la lluvia.
-Un texto que me tiene enamorada, de @corazonbajocero-
Pequeños detalles
En
su pequeñez se esconde un gran detonante, sólo que su mecanismo es algo más
complejo que la decisión entre cortar el cable rojo o el cable azul. Un detalle
somos nosotros, el reflejo de lo que somos; la esencia que llevamos dentro.
A
veces pasan desapercibidos pero, si en lugar de ver, te paras a observar, te
das cuenta de que es de esos detalles de donde sacamos (o, al menos eso hago
yo) lo especial de la sencilla acción en sí, aquello que sólo se lo asociamos a
esa persona y que la diferencia del resto. Se graban en nuestra memoria con la
misma facilidad con la que una gota de tinta se expande al caer sobre el papel,
dibujando al mismo tiempo ese lunar en la espalda, y escribiendo sobre esa
peculiaridad en la forma de cortar el aire al reírse, en la intensidad de una
mirada o en los gestos que acompañan al cuerpo a la hora de relatar teatralmente
una de nuestras experiencias.
Tal
vez sean ellos los que nos enganchen, como ese atractivo bocadito de dulce que
te tomas a pesar de estar saciado, sólo por el placer de saborearlo, haciéndote
querer todavía un poco más. Y, al igual que ocurre con las cosas buenas, nos
acostumbramos a ellos; forman parte de las singularidades del otro, de aquello
que nos saca de quicio y nos encanta al mismo tiempo, que una vez los probamos,
de otra forma (en otras personas) ya no nos saben igual.
Cada uno de ellos es un mordisco que deja huella en
nosotros. Pequeñas marcas que, a la hora de recordar, son las más grandes.
jueves, 11 de julio de 2013
Quien lo iba a decir
Esta eres tú, los ojos cerrados, bajo la lluvia. Nunca imaginaste que harías algo así, nunca te habías visto como… no sé como describirlo, como una de esas personas a las que le gusta la luna o que pasan horas contemplando el mar o una puesta de sol. Seguro que sabes de qué gente estoy hablando… o tal vez no. Da igual, a ti te gusta estar así, desafiando al frío, sintiendo como el agua empapa tu camiseta y te moja la piel, y notar como la tierra se vuelve mullida bajo tus pies y el olor, y el sonido de la lluvia al golpear las hojas. Todas esas cosas que dicen los libros que no has leido. Esta eres tú, quién lo iba a decir… tú.
sábado, 15 de junio de 2013
En algún momento de nuestra vida, por un motivo u otro, se han cruzado en nuestro camino personas que
nos sorprenden; que, si de la primera impresión dependiera, les habrías mandado
a paseo inmediatamente, pero que realmente, una vez los conoces, te das cuenta
de cuánta falta hacía en tu vida tener a alguien así.
La mejor parte es, definitivamente, cuando sabes que vienen para quedarse por un largo tiempo.
jueves, 2 de mayo de 2013
miércoles, 1 de mayo de 2013
miércoles, 10 de abril de 2013
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